Caminante, no hay camino… que no esté en Internet

Viajar es un desafío y una aventura, y si bien requiere un mínimo de dinero disponible, el factor económico es cada vez menos un impedimento de peso. Muchas veces se trata de tener el ímpetu que nos permita rebatir el dicho “mejor malo conocido que bueno por conocer” y meternos de lleno en una realidad distinta…

Esta es mi premisa, verificada con creces a lo largo de este año, en especial durante el semestre que duró mi intercambio académico y que permitió gozar de tantos paisajes europeos imborrables.

El propósito de este artículo que escribí para la revista digital de mi Facultad es adentrarnos en algunas oportunidades que llegan de una mano virtual pero sumamente efectiva: Internet. Siempre Internet, en todo Internet, cada vez más, y el sector turístico no es la excepción. De hecho, ha cambiado radicalmente su modus operandi y su esencia con el advenimiento de la interconexión global en tiempo real. Por mencionar dos grandes rupturas con beneficios para los viajeros: la posibilidad de gestionar de forma rápida y gratuita los distintos servicios necesarios para concretar un viaje (alojamiento, traslado, excursiones) y que esa gestión pueda hacerla el cliente de manera directa, sin necesidad de un intermediario (el clásico operador o agente turístico).

Los invito a leer el artículo y conocer más implicaciones de Internet en nuestra vida (de turistas) y sumarse con sus comentarios y aportes. ¿Qué otras posibilidades se podría explorar con Internet en lo referente a servicios al viajero? ¿Han tenido alguna experiencia negativa?

Click aquí para leer la nota completa (página 18)

Anuncios

Playing for change

changeHace un tiempo me enteré de la existencia de una startup tecnológica y emprendimiento social (así se definen) creada en mayo de 2011 y con un crecimiento exponencial que se traduce en más de 35 millones de usuario en todo el globo.

Se trata de change.org, una plataforma de acceso libre y gratuito donde alojar reclamos y pedidos de toda índole: individuales o comunitarios, dirigidos al sector público o privado, en cualquier parte de mundo. Consiste en dar visibilidad a esos reclamos a través de las multifacéticas redes sociales, para lograr la empatía de otros ciudadanos de la aldea global y conseguir un apoyo político/moral a través de una “firma”. Un pedido con sonado respaldo es susceptible de ser carne de cañón de los medios de comunicación y consecuentemente objeto de la opinión pública. En definitiva, change.org se constituye como el canal por el que fluye el reclamo y la presión social artífice del éxito o trascendencia de los reclamos.

Change.org es un mix de simpleza, accesibilidad, innovación, eficacia y eficiencia al servicio de la sociedad global. Cuando conocí la propuesta pensé automáticamente en tantos activistas y sus bancos, sus carpas y planillas, recolectando firmas en favor de tal o cual causa. En los países democráticos el sistema electoral prevé distintos mecanismos de participación popular además del sufragio; uno de ellos es la iniciativa popular por la que si un determinado porcentaje del padrón electoral eleva un pedido de tratamiento/derogación de ley, el Parlamento se ve obligado a tratar dicha iniciativa. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que change.org puede lograrlo de una manera mucho más (repito) eficaz y eficiente, donde el tiempo y el espacio no representan un obstáculo al conocimiento y apoyo masivos.

how-change-org-is-revolutionizing-internet-activism-5c88319e78Mi primer acercamiento con la plataforma fue el pasado mes de abril, cuando en Argentina se dio un fuerte debate sobre el proyecto de “democratización de la Justicia” enviado por el Ejecutivo, que muchos ven como un intento de sojuzgar al tercer poder más que de reafirmar su autonomía. Muchos pedidos se canalizaron por change.org aduciendo la inconstitucionalidad de la finalmente aprobada norma, o apelando a legisladores no alineados políticamente para que votaran conforme a ese sector de la población que decía NO. Toda aquella “ola contestataria” vio la luz gracias a la proliferación de iniciativas como la de change.org, que dan una posibilidad real de participación política a la ciudadanía en el marco del paradigma tecnológico que hoy nos ampara de forma indiscutible.