Y lo mejor recién empieza, está servida ya la mesa

Se acaba la estadía en Madrid. Hoy se fue la primer integrante del team y caímos en la cuenta de la inminencia del final. Si bien la experiencia ha sido no buena, sino espectacular, increíble, es inevitable la melancolía por una habitación, una mesa de estudio, un apartamento, un pueblo que nos cobijó y se hizo familia, rutina durante más de cuatro meses. Pero lo que viene de aquí en más es una prolongación de la alegría: vacaciones, más viajes, la “operación retorno” y una amistad entre roomates que no se perderá, sólo se mudará de lugar y contexto…

Para celebrar la última noche juntas nos dimos un gustazo: fuimos a comer asado (¡cómo te extrañaba!) a la parrilla argentina que hay en el pueblo. Comimos hasta saciarnos y rememoramos olores, colores y sabores que teníamos en un recuerdo lejano. Además de los cortes clásicos de nuestro entrañable asado había chimichurri, yerba y dulce de leche (dejo los links para los lectores no argentos que puedan no saber de qué hablo). Había varias mesas de italianos, quizás tan ávidos de carne de verdad como nosotras. Llegó el momento del sincericidio y la polémicaCARNE, lo que se dice CARNE, casi que no vimos en España. Mucho cerdo, pavo y pescados, pero la vaca no es fácil de encontrar 😀

Desmitificando: la carne no viene de Argentina como algún empresario del sector de la restauración (¡?) con aires de topetud podría llegar a presumir (tal vez para justificar los precios, que no son exactamente baratos). Nos explicó el mozo que está prohibido importarla, así como todo lo que tenga huesos de animales (¿por miedo a la vaca loca?).

Lo mejor de todo: ¡nos ofrecieron llevarnos el tupper con lo que quedó! Conducta intrínsecamente argentina si las hay. Amigos, asado, recuerdos, costumbres: esa cosa nostra que difumina la distancia y nos hace sentir como en casa, casi

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Las sorpresas, como las desgracias, rara vez vienen solas

¿Viste esos días cuya perfecta adjetivación es COMPLICADOS y no hay margen de error porque sino todo se va al garete? Bueno, yo venía con una seguidilla de esos. Mucho estudio y fatiga ocular, an English presentation y poquísimas horas de sueño persiguiendo un trabajo imposible. La mañana arrancaba demasiado temprano y viendo de refilón el día precioso como pocos en este mayo madrileño, sabiendo que todavía quedaban unas horas más de trote intensivo. Estaba entrando en la última parada, pero no bajes la retarguardia que todavía es viernes.

Decía que nada podía salir mal. Y demasiado pronto salió, y por algo insólito para mis tiempos minuciosamente cronometrados: perdí el bus. Siempre estoy a horario en la parada y justamente por eso hoy no llegué: pasó más temprano. Claro que lo corrí aunque estaba casi a doscientos metros: ¡el próximo pasaba recién en media hora y yo tenía a mi grupo en vilo esperando el trabajo! Les recuerdo mi localización: Villanueva de la Cañada. Son más de diez kilómetros por carretera hasta la Uni. El bus era mi única opción. Y no llegué. Pero esto recién empieza.

Aquí me lo encontré a Jose y se empezó a revertir mi mala racha
Aquí me lo encontré a Jose y se empezó a revertir mi mala racha

Resignada, llegué a la parada. A los pocos segundos un Ford Ka azul francia aminoró la marcha y el conductor me hizo un gesto: que subiera, que me llevaba a la próxima parada (unos quinientos metros). No podía creer mi suerte y no lo pensé.

Jose, ecuatoriano, casado con hijos y residente en la Cañada desde hace doce años, donde “se vive muy bien”. Me preguntó lo que él mismo se respondió: “¿Eres argentina, verdad?”. Ya saben de mi extroversión que no conoce de momentos inadecuados, pero hasta yo me río recordando que íbamos conversando como si no hubiera prisa ni pudor. Pacientemente perseguimos al bus; no sé si lo hice desviarse de su ruta pero no amagó a dejarme antes de verme ya subiendo, seguro de que esta vez sí llegaba a tiempo.

Todo lo malo que venía siendo el día se compensó con las buenas intenciones de Jose para conmigo, una desconocida. Todavía sigo sorprendida y agradecida por su gesto y pienso y repienso por qué en Argentina nunca me ha pasado una cosa así. ¿Por desconfianza, por la “sensación de inseguridad” de la que nos acusan y por la que bajo ningún concepto me subiría al coche de un desconocido, ni aunque llegue tarde? ¿O porque levantamos poco y nada la cabeza para ver qué sucede a nuestro alrededor? Lo cierto es que además de ayudarme a superar una dificultad que de otro modo me hubiese sido ineludible, su atención para conmigo me alegró el día. Suerte, destino, o lo que a mí me gusta llamar Providencia. 

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Oh coz nothing is lost, it’s just frozen in the frost

Ayer por Skype:

“Cuando vuelvas ya sé que voy a tener a un Carlos Sánchez* pegado haciéndome marca personal. Ahora hay un González Pirez*, facilísimo pasarlo de largo…”

*Carlos Sánchez y González Pirez: dos jugadores del Club Atlético River Plate de Argentina, equipo de fútbol de mis amores.