Playing for change


changeHace un tiempo me enteré de la existencia de una startup tecnológica y emprendimiento social (así se definen) creada en mayo de 2011 y con un crecimiento exponencial que se traduce en más de 35 millones de usuario en todo el globo.

Se trata de change.org, una plataforma de acceso libre y gratuito donde alojar reclamos y pedidos de toda índole: individuales o comunitarios, dirigidos al sector público o privado, en cualquier parte de mundo. Consiste en dar visibilidad a esos reclamos a través de las multifacéticas redes sociales, para lograr la empatía de otros ciudadanos de la aldea global y conseguir un apoyo político/moral a través de una “firma”. Un pedido con sonado respaldo es susceptible de ser carne de cañón de los medios de comunicación y consecuentemente objeto de la opinión pública. En definitiva, change.org se constituye como el canal por el que fluye el reclamo y la presión social artífice del éxito o trascendencia de los reclamos.

Change.org es un mix de simpleza, accesibilidad, innovación, eficacia y eficiencia al servicio de la sociedad global. Cuando conocí la propuesta pensé automáticamente en tantos activistas y sus bancos, sus carpas y planillas, recolectando firmas en favor de tal o cual causa. En los países democráticos el sistema electoral prevé distintos mecanismos de participación popular además del sufragio; uno de ellos es la iniciativa popular por la que si un determinado porcentaje del padrón electoral eleva un pedido de tratamiento/derogación de ley, el Parlamento se ve obligado a tratar dicha iniciativa. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que change.org puede lograrlo de una manera mucho más (repito) eficaz y eficiente, donde el tiempo y el espacio no representan un obstáculo al conocimiento y apoyo masivos.

how-change-org-is-revolutionizing-internet-activism-5c88319e78Mi primer acercamiento con la plataforma fue el pasado mes de abril, cuando en Argentina se dio un fuerte debate sobre el proyecto de “democratización de la Justicia” enviado por el Ejecutivo, que muchos ven como un intento de sojuzgar al tercer poder más que de reafirmar su autonomía. Muchos pedidos se canalizaron por change.org aduciendo la inconstitucionalidad de la finalmente aprobada norma, o apelando a legisladores no alineados políticamente para que votaran conforme a ese sector de la población que decía NO. Toda aquella “ola contestataria” vio la luz gracias a la proliferación de iniciativas como la de change.org, que dan una posibilidad real de participación política a la ciudadanía en el marco del paradigma tecnológico que hoy nos ampara de forma indiscutible.

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3 comentarios en “Playing for change

  1. Yo recibo periódicamente las peticiones de Change.org y la verdad es que da gusto ver como algunos casos que a los ciudadanos nos parecen tan evidentes, consiguen solucionarse por esta vía. Me parece un proyecto estupendo aunque espero no tener que echar mano de él 🙂

  2. El problema viene cuando la movilización social consigue recoger 1,4 millones de firmas para cambiar una ley y el partido que gobierna con mayoría absoluta se las pasa por… (que cada uno concluya la frase como le plazca)

    1. Yo tengo confianza en que reclamaciones de tanta magnitud a la larga no pueden ser desatendidas. Es una obligación cívica movilizarse hasta el hartazgo para ocnseguir los favores que reclaman. Ojalá que la dirigencia política empiece a tomar más en cuenta el parecer de la gente, después se escandalizan por las huelgas y los escraches (de los que nos acusan de haber instalado a los argentinos)…

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