I will survive!

Hace poco más de diez días que estoy de vuelta en Argentina pero no todo ha vuelto a la normalidad. Aproveché mis circunstancias y decidí embarcarme en una experiencia que es a la vez descanso, desafío y supervivencia: estar quince días sin móvil. Pensé: ¿por qué apresurarme a resolver una cuestión importante y trivial a la vez? La tecnología es tan buena como esos gloriosos momentos de desconexión, a más absoluta mejor. Dos caras de la vida diaria: quien lo probó lo sabe.

Los espero, los invito, les cuento más de mi “Operación Retorno” en La platea al escenario.

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El viaje literario

[En medio de mis vacaciones, una reflexión “colgada” que no quiero dejar de hacer pese a que su objeto y localización poco tengan que ver con la línea narrativa de los últimos post]

Una buena iniciativa: cuento de lectura pública en el metro de Madrid
Una buena iniciativa: cuento de lectura pública en el metro de Madrid

Si hay algo que hice con frecuencia, fruición y alta dedicación traducida en las muchas horas abocadas a ello, fue viajar. Y no me refiero sólo a las aventuras turísticas en las que tuve la suerte de embarcarme sino, y sobre todo, en los extensos y numerosos trayectos que recorrí a diario, ya sea para ir a la Universidad o trasladarme desde el pueblo a la gran ciudad.

Consciente de que en este tiempo el transporte público sería la única opción (nada de coches a la vista) de un momento a otro tuve que acostumbrarme a los tiempos que éste implica. Adaptación asequible pero adaptación al fin; casi diría que se trató de un tiempo adicional placentero teniendo en cuenta la novedad y belleza de los paisajes que acompañaron mis trayectos.

Esta nueva situación que fue rutina durante casi seis meses de travesía europea se conecta íntimamente con otra cuestión: el incremento exponencial de mi disponibilidad y ganas de leer, que encontraron su “punto de fuga” en estos miles de minutos de viaje.

Con sorpresa y alegría, un buen día comprobé (y verifico hasta hoy) que no sólo yo exploto esta veta de un tiempo aparentemente perdido: descubrí que muchos otros desconocen el vaso medio vacío que supone un tiempo en teoría infértil y lo reutilizan en favor de un viaje que para ellos no será solo un desplazamiento físico. Será también un viaje literario, por medio del cual trasformarán ese “vertedero obligado de minutos del día”, de la vida, en un camino de ida al mundo de las letras.  (más…)

Playing for change

changeHace un tiempo me enteré de la existencia de una startup tecnológica y emprendimiento social (así se definen) creada en mayo de 2011 y con un crecimiento exponencial que se traduce en más de 35 millones de usuario en todo el globo.

Se trata de change.org, una plataforma de acceso libre y gratuito donde alojar reclamos y pedidos de toda índole: individuales o comunitarios, dirigidos al sector público o privado, en cualquier parte de mundo. Consiste en dar visibilidad a esos reclamos a través de las multifacéticas redes sociales, para lograr la empatía de otros ciudadanos de la aldea global y conseguir un apoyo político/moral a través de una “firma”. Un pedido con sonado respaldo es susceptible de ser carne de cañón de los medios de comunicación y consecuentemente objeto de la opinión pública. En definitiva, change.org se constituye como el canal por el que fluye el reclamo y la presión social artífice del éxito o trascendencia de los reclamos.

Change.org es un mix de simpleza, accesibilidad, innovación, eficacia y eficiencia al servicio de la sociedad global. Cuando conocí la propuesta pensé automáticamente en tantos activistas y sus bancos, sus carpas y planillas, recolectando firmas en favor de tal o cual causa. En los países democráticos el sistema electoral prevé distintos mecanismos de participación popular además del sufragio; uno de ellos es la iniciativa popular por la que si un determinado porcentaje del padrón electoral eleva un pedido de tratamiento/derogación de ley, el Parlamento se ve obligado a tratar dicha iniciativa. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que change.org puede lograrlo de una manera mucho más (repito) eficaz y eficiente, donde el tiempo y el espacio no representan un obstáculo al conocimiento y apoyo masivos.

how-change-org-is-revolutionizing-internet-activism-5c88319e78Mi primer acercamiento con la plataforma fue el pasado mes de abril, cuando en Argentina se dio un fuerte debate sobre el proyecto de “democratización de la Justicia” enviado por el Ejecutivo, que muchos ven como un intento de sojuzgar al tercer poder más que de reafirmar su autonomía. Muchos pedidos se canalizaron por change.org aduciendo la inconstitucionalidad de la finalmente aprobada norma, o apelando a legisladores no alineados políticamente para que votaran conforme a ese sector de la población que decía NO. Toda aquella “ola contestataria” vio la luz gracias a la proliferación de iniciativas como la de change.org, que dan una posibilidad real de participación política a la ciudadanía en el marco del paradigma tecnológico que hoy nos ampara de forma indiscutible.