Qué ver en las ciudades más antiguas de Argentina

La creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, dependiente de la Corona española, fue el primero de una serie de hitos fundamentales en la historia de las naciones de América del Sur. En este primer intento de organización administrativa fue que comenzaron a fundarse pequeños asentamientos, que fueron creciendo hasta convertirse en poblados más importantes. Algunos de ellos resistieron el paso del tiempo y la ruptura que implicaron las independencias nacionales: pasaron de ser fuertes coloniales a localidades englobadas en el territorio de países autónomos.

La República Argentina, con apenas 200 años de vida, posee muchas localidades que fueron creadas a partir de su independencia en 1816 e incluso antes de que el país existiera como tal. En estas ciudades con varios siglos de vida es donde la historia colonial y fundacional puede ser vista y revisada de primera mano.

La ciudad más antigua del país que aún se mantiene en pie es Santiago del Estero. Mil kilómetros y casi treinta años de diferencia la separan de Buenos Aires, la gran ciudad y capital del país, cuya segunda y definitiva fundación data de 1580. Considerada como la “madre de las ciudades”, los españoles inauguraron al noroeste del territorio argentino su proceso de colonización, que luego se extendió por todo el país. Santiago del Estero fue fundada en 1553 y el mejor testimonio de su longeva historia es, como en la mayoría de las ciudades, la Catedral Basílica construida en 1591, que fuera la primera iglesia del país. El capitán español Francisco de Aguirre la bautizó “Santiago” en homenaje a Santiago Apóstol y “del Estero” por los bañados y el cauce del río cerca del cual se encontraba enclavada. Más tarde pasaría a ser la ciudad capital de la provincia del mismo nombre, cuna del folklore y la chacarera, paraíso de aguas termales y poseedora de las salinas más grandes del país.

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En la provincia más poblada del país, Buenos Aires, más de veinte distritos ya son bicentenarios. Sin embargo la localidad de Baradero las dobla en edad, ya que en 2015 celebra cuatrocientos años de vida. Nació como una reducción indígena en los márgenes del Río Baradero; el Museo Histórico Municipal de la ciudad posee objetos de la cultura indígena que datan de estos primeros años. Ya en el siglo XIX, la fuerte ola inmigratoria recaló también en Baradero; hoy puede visitarse la “Colonia suiza” que fue el primer asentamiento de los recién llegados a partir de 1856. La Reserva Natural Urbana Parque del Este, el Parque Botánico Sarmiento y la Pulpería “El Torito” (una de las últimas de toda la provincia) son otros de sus atractivos para el turismo. Actualmente el Río Baradero concentra una importante actividad vinculada a los deportes náuticos.

En la Patagonia, región del país anexada tardíamente al territorio nacional (las campañas denominadas “Conquista del Desierto” se sucedieron hasta 1885), la localidad más antigua en pie está en Río Negro y es su actual ciudad capital, Viedma. Su fundación data de 1789 y se realizó conjuntamente con la de Carmen de Patagones, localidad vecina emplazada en territorio bonaerense. Desde 2002 se la considera la “capital histórica de la Patagonia” y en 2009 estuvo cerca de convertirse en la capital administrativa del país, aunque finalmente el proyecto legislativo no fue sancionado. Su principal atractivo turístico es el Río Negro, el mayor de la Patagonia argentina y uno de los cinco más caudalosos del país. En este entorno fluvial se promueven excursiones de pesca embarcada, paseos en catamarán y kayak y la práctica deportiva de canotaje y velerismo.

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El aburrimiento se cura con curiosidad; la curiosidad no se cura con nada

Un acierto de este viaje a Londres fue habernos apuntado en dos de los tours que ofrece New Europe para conocer los lugares más destacados de la ciudad. Así es que hay muchas anécdotas y curiosidades de estos símbolos nacionales y culturales que tienen mucho más para decir que la historia oficial… además de los clásicos bloopers o rarezas que se cuentan de a montones cada vez que se visita un lugar por primera vez y toda experiencia es nueva.

Es la muerte que viene en bicicleta

Por placer, para cuidar el medio ambiente, para agilizar el tránsito o saltarse los semáforos legítimamente, lo cierto es que hay muchas personas que deciden movilizarse en bicicleta por la ciudad. Nos lo advirtió nuestro guía Manel y lo percibimos nosotras mismas: los pedaleantes le ponen el cuerpo al tránsito y a los peatones, no dudan en acelerar y tocar alocadamente sus “bocinas” para hacerse notar. Para un caminante desprevenido suponen un peligro tan grande como un coche o autobús. Lo refleja patente la frase de Manel, medio chiste y medio enserio: “si escuchan un clin clin cerca asústense: es la muerte que viene el bicicleta”.

Un detalle más vinculado con el tránsito: veníamos acostumbradas a España, donde los conductores son excesivamente respetuosos con los peatones, y en Londres nos encontramos con la situación contraria: automovilistas (especialmente taxistas) que si te pescan cruzando mal, o despacio, aceleran sin contemplaciones.

Bloody Mary

La dinastía de los Tudor es quizá la más célebre de la historia monárquica inglesa. Enrique VIII, famoso por sus seis mujeres y su desesperada búsqueda del heredero varón, además de ser el fundador de la Iglesia Anglicana cometió en sus andadas varias tropelías que le ganaron enemigos incluso en su propia familia. Así es que su primera hija María, católica como su madre Catalina de Aragón, luchó con uñas y dientes por heredar la Corona y restituir al Catolicismo como religión oficial de Inglaterra. Su afán no le impidió cortar cabezas a tropel e intensificaría las guerras de religión que se sucedieron desde el reinado separatista de su padre en adelante. Su persecución a los protestantes le valió el apodo que a su vez designa a un cóctel de fama internacional.

Giro

Gran Bretaña se jacta de haber sido una de las naciones que dio la victoria a los aliados contra los fascismos encabezados por Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, hay un nazi enterrado en plena capital londinense: se trata de Giro, el perro del embajador nazi en las islas, quien curiosamente gozaba de una aceptable reputación y obtuvo el permiso para enterrar a su mascota en los jardines linderos a la residencia oficial. Hoy la cucha de Giro es un atractivo turístico más.

Va a ser tan lindo hacer un puente…

Al igual que París, Londres posee un río harto famoso: el Támesis, atravesado por varios puentes emblemáticos y habilitados para el tránsito peatonal y vehicular. Sin ser tan numerosos ni esplendorosos como los parisinos que adornan el Sena, tienen sin embargo muchas historias encima.

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El Tower Bridge, una de las postales más conocidasde Londres a raíz de los últimos Juegos Olímpicos, está actualmente cerrado para los peatones por la proliferación de varias actividades indeseadas: prostitución, carteristas y suicidios. Muy cerca de allí, el London Tower, esa fortificación de aspecto medieval que sorprende y desentona en medio de la ciudad está aún habitada tanto de fantasmas como de cuervos con las alas cortadas (para que no se escapen, asegurando así la superviviencia de la Corona Británica), según rezan las leyendas.

El London Bridge actual es en realidad un reemplazo del original, vendido a un empresario estadounidense del petróleo que lo desmontó y rearmó en una propiedad de Arizona. El que construyeron en su lugar es austero y poco vistoso.

El puente del Milenio, cuya construcción fue anunciada con toda la pompa por el Gobierno inglés en las postrimerías del siglo XXI, tuvo más de un contratiempo. Demandó mucho más dinero del estimado, se inauguró a destiempo y fue acusado de “deficiente” por el mareo que provocaba a quienes lo cruzaban por lo que tuvo que cerrarse a los pocos días de inaugurado. El famoso arquitecto Norman Foster, a cargo de su construcción, desmintió las deficiencias y resultó que tenía razón: la sensación de mareo era producto de un “acto reflejo” del cuerpo y no de una imperfección del puente. Pero para entonces se le habían adosado pilares de cemento que asegurarían un óptimo tránsito peatonal pero terminaron quitándole gran parte de su atractivo estético.

Con su permiso

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Aquí comienza la City of London

La que hoy denominamos genéricamente “Londres” es en realidad el cúmulo de dos ciudades que en el pasado estaban bien delimitadas: la City of Westminster y la City of London. Esta última, fundada en el siglo I d.C. por los romanos, tiene su propio gobernante que hoy cumple una función meramente protocolar. Sin embargo, siglos atrás nadie podía ingresar a la City sin su consentimiento, incluido el mismísimo Monarca. Se supone que la Reina Isabel debió haber pedido el permiso simbólico de ingreso  para asistir al reciente funeral de Margaret Thatcher celebrado en la Catedral de San Pablo.

La obligatoriedad de este permiso generó serios inconvenientes en más de una oportunidad, como por ejemplo durante el Gran Incendio de Londres (1666), cuando el Lord Mayor desestimó las llamas que se asomaban en la ciudad y se fue a dormir lo más pancho sin permitir el ingreso de los bomberos que podrían haber colaborado para paliar las cuantiosas pérdidas que significó tal desastre, sumada la negligencia del Lord Mayor.

61 metros

Aquel devastador incendio es recordado en la City of London con un imponente monumento que recibió la simple denominación ‘The Monument’. Mide 61 metros, los mismos que la separan de la panadería donde se cree que se iniciaron las llamas que arrasarían con gran parte de la ciudad.

Reflejo de un espejo distorsionado

DSC00532El Duque de Wellington fue un dirigente y militar conservador tan amado como odiado entre los británicos (antecesor de Margaret Thatcher por afiliación e imagen polarizada). Sus detractores políticos le achacan el haber sido especialmente afecto a la bebida, y por demás. Hoy en Londres hay más de 80 bares que llevan su nombre por lo que es curioso que otrora los ingleses le reprochasen algo que a ellos mismos los pinta de cuerpo entero: una afición peligrosa si se va reiteradamente de las manos…

Si hay crisis, que no se note

A esta altura nos va a resultar raro NO ENCONTRAR argentinos adonde vayamos. Sucedió llamativamente en París y se repitió en Londres, inclusive con mayor frecuencia. En el tour del primer día nos encontramos con cuatro chicos rosarinos de nuestra edad que están viajando por Europa; se alojaban en el mismo hostel y eran súper macanudos. En el Astor Victoria coincidimos también con chicas de Buenos Aires, estudiantes de Córdoba y San Luis, ¡hasta unos recién casados de Mar del Plata!

Además me sorprendió la cantidad de españoles e italianos que había en cada lugar al que íbamos. ¿Crisis, dicen? Evidentemente somos pocos pero privilegiados…

Primark: compre todo ahora porque ahora ya es mañana ymañanayavaserpasado

DSC00357En esta tienda famosa en toda Europa por la inmensa cantidad de prendas que ofrece a precios más que baratos vi el consumismo en su máxima expresión. La de Londres es una tienda de dos pisos que ocupa casi una manzana y está repleta de gente: familias completas con apreciaciones estéticas, orígenes y religiones completamente distintos que compran absolutamente todo allí. Era sencillamente enloquecedor. Me costó sobreponerme a la situación y abrirme paso entre la marea humana. Entiendo que tan buenos precios y el all in one son unos incentivos difíciles de rechazar.

Autoprofecía

La seguridad no se basa en la presencia excesiva de policías, o al menos eso me pareció dado que hay muy pocos patrullando las calles. Sí en cambio todas las conductas permitidas e indebidas están visiblemente manifiestas por todos los espacios públicos. Además está infestado de cámaras de seguridad, una sensación bastante extraña. ¿Se acuerdan cuando en Capital Federal e incluso en Mar del Plata querían instalar un par de camaritas y la opinión pública puso el grito en el cielo? Bueno, en Londres es de los más normal; se estima que el 20% de la totalidad de los dispositivos de seguridad del país están allí.

Tiene sentido que Orwell fuera inglés y haya visionado el Big Brother en su novela 1984
Tiene sentido que Orwell fuera inglés y haya visionado el Big Brother en su novela 1984