No hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada

“Granada es el tesoro más preciado de España, una despensa de sabores, de olores y de pasión”. Víctor Hugo

La Semana Santa XXL terminó en Granada, Andalucía, al sur de España. ¿Cómo elegimos el destino? Nos convenció la recomendación unánime de los amigos españoles, que adujeron entre sus razones: belleza natural (mar y montaña con unas pocas horas de diferencia) historia, cultura, arquitectura (última ciudad en manos de ocupantes islámicos en la Península Ibérica, cuya estadía prolongada en estas tierras es bien visible) calidez humana y agradables temperaturas (en teoría). Si bien padecimos una lluvia bestial e incesante el Domingo de Pascua, el clima no fue (ni será nunca) un impedimento de peso cuando uno está en tránsito, con ansiedad y avidez por conocer esos lugares que en las charlas prometían ser tan impactantes.

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Pedazo de hostel, muy bien ubicado y altamente recomendable

El centro de Granada fue nuestro mismísimo hogar durante esos días, porque el hostel Granada Inn Backpackers estaba estratégicamente ubicado cerca de las cuestas por las que iniciamos los itinerarios de cada día. La Calle Reyes Católicos, la Puerta Nueva, el Ayuntamiento y una multiplicidad de pasajes, comercios y bares de tapeo que relojeamos y otros que conocimos fueron nuestro entorno urbano habitual. La multiculturalidad esperada y enriquecedora de la estadía en hostel, con gente joven y motivaciones en muchos casos similares a las nuestras nos propiciaron largas y divertidas charlas.

Nuestro ímpetu nos llevó a transitar las calles aún dormidas y ascender con buen ritmo y pocas palabras (por la agitación y la altura) hasta la Alhambra, Patrimonio de la Humanidad e ícono de la influencia islámica en España por ocho siglos, construida a partir de mediados del siglo XIII. Se trata de un conjunto de palacios y edificaciones donde se concentraba la vida pública, militar, social y religiosa de los musulmanes hasta la Reconquista española en el siglo XIV. Esta imponente región situada al norte de la urbanización actual, sobre las montañas, goza de una vista privilegiada de la ciudad de Granada, así como sorprende con sus palacios, fuertes, jardines y patios decoradas al fiel estilo árabe. Podría estar horas describiendo los recovecos únicos de cada sitio de la Alhambra, pero con decir que tras la Reconquista los Reyes, admirados por tan sublime patrimonio artístico y arquitectónico, decidieron no derribarlo. El nieto de los Reyes y emperador Carlos V decidió asentar en 1527 una residencia oficial lindante a los Palacios que ocupara la última dinastía musulmana. Allí funcionan el Museo de la Alhambra y el de Bellas Artes, ricos en reliquias e historia de siglos (lamentablemente la visita era “sin fotos”). En definitiva, la “reconquista respetuosa” de aquel predio habla de un deslumbramiento más grande que el deseo (o la obligación) de destruir lo que otros han hecho por la simple razón de ser “okupas” o enemigos.

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Planes Santos

Hace un rato despedí a Cielo y Candela que partieron rumbo a una ciudad indiscutiblemente bella, archicomentada por estos días (Habemus Papam) y turísticamente invadida en Semana Santa: Roma. Por H o por B (por D de destino o M de mala suerte, para ser exactos) no pude sumarme esta vez. Mis planes para Semana Santa no van en aéreo y transitan por otra carretera: voy a pasar unos días en Alcalá de Henares, a unas dos horas de donde vivimos. Mucha cultura e historia se respiran allí y tengo muchas ganas de empaparme: en Alcalá nacieron Cervantes, papá del Quijote, y el Arcipreste de Hita. Allí funciona la Universidad y primera sede del prestigioso Instituto Cervantes, donde todos los años los Reyes de España entregan el homónimo Premio literario. La convivencia de tres religiones y sus consecuentes huellas culturales se plasman en la arquitectura y diagramación de la ciudad con sus barrios cristiano, judío y musulmán. Me la imagino muy similar a Toledo, y eso me trae recuerdos recientes y gratos, y me entusiasma sobremanera.

Además, volveré por unos días a hacer vida en familia, a dormir y comer adecuadamente, de acuerdo a unos parámetros espacio-temporales que en la vida en solitario están algo desdibujados, para ser sinceros (tampoco tanto, no es para preocuparse).

Quiero vivir la cultura perdiéndome en sus calles y advertir cómo se mezcla la tradición de siglos con la vida de los ¿alcalinos? Quiero comer huevitos de Pascua, cambiar de aire, llenarme de ese bienestar que provoca viajar, el estar en constante movimiento (le estoy agarrando el gustito, ¿quién me va a parar a la vuelta?). Y seguramente los festejos populares de Semana Santa van a ser concurridos y coloridos y tendré la oportunidad de apreciarlo.

Ya al final de la semana, volveré a reunirme con las flamantes viajeras romanas, intercambiaremos experiencias y terminaremos las vacaciones Santas en Granada/Andalucía, ciudad otrora morisca y unánimemente recomendada, donde hallaremos montañas de 3500 metros a menos de una hora del más límpido mar y una temperatura decididamente primaveral. ¿Atractivo, no? Puedo declararme más que satisfecha con mis escapadas Santas.