Por la vereda del Sol

Exhaustas después de seis horas al trote por Madrid, pregunto:

-Hola, disculpa. ¿Sabes a cúanto estamos de la puerta del Sol?

-Estás tomando sol en la Puerta del Sol.

-Ah, creí que iba a haber un arco, o una puerta o algo así. 

Una plaza, adoquines, una fuente florida. Otro edificio imponente, y en la vereda, una baldosa que indica que allí es el Kilómetro 0, como el Obelisco es a las rutas argentinas. El corazón de España, donde efectivamente hay un movimiento continuo que da vida a una gran ciudad, a un gran país, donde artistas callejeros, turistas e indignados cohabitan en cantidades similares.

Ahí mismo, el español que contestó a mi pregunta me contó que en realidad es cubano, que se escapó y dio clases en Colombia antes de pegar el salto al Viejo Continente. Que en Cuba te llevan  a juicio por robar una orma de queso para comer, a menos que aceptes colaborar con el régimen en calidad de buchón. Que en España “es fácil ser empresario, porque nadie quiere serlo”, y que en lo personal la crisis no afecta a sus negocios que se sustentan en el mercado extranjero. Que cubanos y argentinos somos iguales; que le gusta nuestro acento porque “es más sofisticado”. Que mucha suerte en mis estudios, que disfrute, que me quede si me gusta. Que los españoles son buena gente, pero difíciles en el trato. Que no hay nada más feo que ser inmigrante, porque uno vuelve a su país y se quiere ir; vuelve a su patria adoptiva y tampoco se halla.

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Kilómetro Cero/respira en el centro de la ciudad/el alma que se pierde al escapar. Kilómetro Cero,/comienzo de los días que vendrán, /la calma que nos trae tu tempestad.

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¿Qué tienes en la cabeza?

 

El arte callejero en Madrid reúne espectáculos y demostraciones, algunas parecidas y otra bien distintas a las que estamos acostumbradas a ver. Así es que, cuando camino al Palacio Real, nos cruzamos al hombre sin cabeza, nos tomamos una fotografía de onda, como quien dice. Él (¿ella?), entusiasmado, hasta le dio un gorro a Cielo para posar.
sombrerero locoDespués, y solo después, nos informó que eran tres euros. Más de treinta pesos. Por una foto que tarda dos segundos en sacarse (pero es cierto que perdura el tiempo que uno quiera). Sabrá disculpar, sombrerero loco, pero venimos de un lugar donde las cosas están casi tan complicadas como aquí. Y además, qué feo eso de aprovecharse de los turistas inocentes y exigir una paga sin haberla anunciado previamente. Eso sí, gracias por su arte.

“Llévate la pata y no me des la lata”

La profesora de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), una de las asignaturas que curso en este semestre de intercambio, trajo a colación una situación que pasó y pasa hoy en los Ayuntamientos españoles a raíz de la crisis y los recortes. Los funcionarios públicos, por ley, no recibieron la paga extra de Navidad (lo que en Argentina sería el preciado aguinaldo) ya que esos fondos decidieron destinarse a otras áreas a las que les urge tanto o más la acotada caja que cada Municipio dispone. Se trataba ni más ni menos que de cumplir la ley; contra una disposición de urgencia dictada por la máxima autoridad nacional no hubo protesta ni disidencia que valiese. Lo curioso es que no dejaron con las manos vacías a los empleados estatales: les ofrecieron como compensación… ¡una pata de jamón!

Teniendo en cuenta que esta exquisitez sale aquí más de 130 euros (más de 1300 pesos argentinos si tomamos como parámetro el blue), no estaba nada mal hacer un poco de altruismo que dejase una imagen de funcionario condescendiente con la crítica situación del país y un estómago contento. Sin embargo, y como es lógico, más de uno chilló indignado, reclamando la paga por la que aguardó en vano todo el año. “Si me ofrecieran un coche, vale, pero… ¡¿por una pata de jamón?!” dijo exaltado un compañero de clase, sensato y pasional.

Comparto este testimonio (porque la profesora en cuestión es una concejal afectada, y aclaró que aceptó gustosa la pata “porque era eso o nada”) por lo excéntrico y digno de reflexión. Trasladar hipotéticamente esta situación a mi entrañable patria me resulta inevitable, divertido y hasta risible. ¿Qué sucedería si en Argentina, donde ahora mismo no estamos tanto mejor, se retirase el aguinaldo y se ofreciese un comestible a cambio? ¿Piquete, cacelorazo, guerra civil quizás? ¿Alguien se animaría a apostar por un funcionario que agachase la cabeza y diera su conformidad?

Sólo para rematar, y porque esta reflexión en voz alta de algún modo tiene que terminar, de ESTO se trata cuando hablan de pata. Abrirán bien grandes los ojos, la culebra de la gula se les desatará y la golosina visual les desordenará todos los sentidos. Eu, me lo pensaría dos veces.

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