El discurso de Rajoy: predilección por los oídos sordos o una conferencia sin prensa

El presidente del Gobierno español Mariano Rajoy compareció ayer ante la Junta del Partido Popular al que pertenece. Para ser conceptualmente estrictos, compareció a medias; se sometió a unos y se enajenó de otros. Habló a su gente, expresó con impudorosa determinación opiniones compartidas pero esquivó la legítima inquisitoria del periodismo y en definitiva marginó al pueblo español, aunque más no sea por evitar un camino de entendimiento directo y mutuo.

Las palabras de un mandatario nunca pasarán desapercibidas, ni aquí ni en ningún otro país, ya sea si se refieren a los temas candentes (aquí y ahora crisis y corrupción) como a las predicciones de un partido de fútbol. Las declaraciones de un máximo dirigente son esperadas por discípulos y detractores, sobre todo cuando las aguas turbulentas requieren de una postura oficial clamada a viva voz. Por el contrario, afirman los críticos y desplazados que los últimos meses de Rajoy se han caracterizado por un silencio penitente, que invariablemente también da que hablar.

conferencia prensa rajoyLa opinión pública española le achaca una desaparición consciente del espectro público; una desatención más y más patente a raíz de las catástrofes políticamente inducidas. Muchos afirman que la ausencia discursiva se intensificó en enero, cuando la Justicia reflotó el caso Bárcenas con nuevos embates probatorios. Lo cierto es que su discurso de ayer, forzado por las circunstancias de todo orden y ante sus congéneres partidarios no hacen más que dar la razón al reclamo periodístico y popular. Ningún medio pudo cubrir en vivo el discurso de Rajoy; apenas si indirectamente desde los monitores de una sala de prensa o desde los canales y redacciones. El descontento se canalizó previsiblemente en Twitter (#sinpreguntasnohaycobertura) por el rechazo de referentes nacionales de los medios y machacó aún más la controversial imagen y gestión presidencial.

La reacción periodística a la conferencia sin prensa y su bronca manifiesta me sorprendió gratamente, porque denota la claridad con que los propios periodistas conciben el atropello al cuarto poder y fiscalizador de la actividad gubernamental. Más me llamó la atención porque en mi reducido entendimiento de la coyuntura política española las intervenciones de Rajoy me parecían más bien regulares, claras y comprometidas. Será porque el mismo o peor desprecio por (casi todos) los medios de comunicación percibo en mi país, así es que las intervenciones de Rajoy eran adecuadas y oportunas frente a la desidia de mi señora presidente…

Mi relativo conocimiento del ámbito periodístico español me impulsó a buscar una opinión de un colega español que pudiera aclarar y enriquecer mi lectura del suceso. Así es que puse en práctica la tan ponderada magia de las redes sociales para consultar a Enrique de Pablo (@EnriquedePablo) qué sensaciones le provocaron esta marginación deliberada del periodismo del debate público. A su entender se ha omitido el “derecho a una información creíble y de calidad, que implica que ésta tenga la oportunidad de ser contrastada, algo que se impide con las comparecencias sin preguntas”. De Pablo entiende que Rajoy pretendió que la prensa escuche “de refilón” un debate al que le estuvo vedado el acceso, lo que “incurre en un absoluto desprecio” por la actividad periodística y sus destinatarios: el pueblo mismo. “Aparte de una pésima práctica de comunicación, hablamos de una práctica de muy baja nota en democracia. Y no perpetrada una vez por error, sino repetida como parte de una línea de actuación”.

Una verdadera comparecencia ante quienes lo requieren en legítimo derecho es parte vital de la democracia e inherente a la actividad política. Rajoy hizo oídos sordos a la vez que los quiso y encontró entre su exclusivo auditorio: copartidarios obsecuentes, funcionarios de su propio gobierno que raramente preguntarían algo distinto o levemente controversial a lo declarado por el presidente. Si el señor Rajoy desea no rendir cuentas o si teme al periodismo debería replantearse su vocación política.

¡Gracias Enrique de Pablo por tu testimonio presto y esclarecedor! Los invito a conocerlo y seguir su blog http://byenrique.wordpress.com

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Valencia no falla

Tuvimos la suerte de conocer Valencia en la época del año en que la ciudad y su gente se visten de fiesta. Las tan mentadas Fallas comenzaron el 1 de marzo y culminan el 19, día de San José, patrono de España (el asueto se puenteó y es mañana lunes), cuando se quemen las colosales figuras concienzudamente confeccionadas durante todo el año.

La historia de esta tradición es tan rica como remota. En resumen, data de mediados del siglo XVIII y en un principio consistía en la quema de los desechos del trabajo de los carpinteros  en la víspera de su patrono San José. Paulatinamente, a partir de los despojos aparentemente inutilizables fueron moldeándose figuras grotescas con una vigorosa carga simbólica: muñecos de trapo con leyendas burlescas representaban personajes o hechos que despertaban la ira, la vergüenza o el repudio de los valencianos y eran devorados por las llamas año tras año. Con el perfeccionamiento de las técnicas de composición, la costumbre mutó en una demostración y competición más propia de un certamen artístico pero sin perder su intencionalidad satírica sobre cuestiones de la actualidad.

Los puntos salientes de nuestro itinerario: pasado el mediodía presenciamos (escuchamos más de lo que vimos por la inmensa marea de gente) la mascletá, que es un show de pólvora que se realiza puntualmente a las dos de la tarde cada día de las Semanas Falleras en la Plaza del Ayuntamiento, donde se erige la falla principal. Me impactó el entusiasmo de los valencianos por unas explosiones que objetivamente dejan más olor a pólvora que placer visual, pero me alegró: desde que me toca “jugar de visitante” tengo más claro que porque que uno no entienda no significa que no sea importante.

La arquitectura valenciana es notoriamente distinta de lo que vimos hasta ahora en otros viajes. Lo apreciamos en la Estación de ómnibus, el Ayuntamiento, en los edificios residenciales y de las grandes compañías, en las iglesias. Se hace patente el resabio árabe en las cúpulas, las construcciones con madera, ladrillo, mosaicos y brillos. La Plaza de Toros imita estilísticamente  al Coliseo Romano aunque data del siglo XIX y tiene capacidad para unas 7000 personas sentadas. Las corridas eran un espectáculo tan convocante como es hoy el fútbol y aún hoy son un símbolo en toda España.

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El momento cúlmine de la recorrida por Valencia fue de madrugada: un show de fuegos artificiales para celebrar la exhibición de decenas de fallas en toda la ciudad, listas para entrar en competencia y ser quemadas el martes. El espectáculo de luces que en mi ciudad veo en contadísimas ocasiones durante el año se repite por cuatro noches consecutivas en Valencia, cada vez con mayor color e intensidad. Sinceramente aprecio los fuegos pero no me deslumbran. Sin embargo, en la noche fallera valenciana no pude menos que maravillarme por el marco festivo que adornaron.

DSC00021Es un festejo de toda la Comunidad Valenciana que tiene muchísimos condimentos: los trajes típicos, la música, las luces, los petardos, el compartir en familia, con amigos o desconocidos de todas las edades (literalmente, desde bebés hasta adultos mayores) y ocupaciones diversas (estudiantes, turistas, policías, tribus urbanas, mendigos). En el sentido más originario del término, Valencia es una fiesta en estos días: las calles están repletas a toda hora, se escuchan música en vivo a la vez que explosivos que detonan a tus pies mientras la gente bebe, come y baila en la calle sin ningún reparo salvo el de no ocasionar problemas al otro. Hay disfrazados, banderas valencianas por doquier, puestos callejeros de buñuelos, churros y paella, vendedores de accesorios y bebidas frías… No en vano semejante despliegue de TODA la comunidad es considerado una fiesta de Interés Turístico Internacional.

Si hay crisis que no se note, comentábamos con un argentino que encontramos (era obvio, ya comprobamos que somos plaga) mientras mirábamos anonadados, visualmente sedados y regocijados, los fuegos artificiales. Ya hablé de los “mimos en tiempos revueltos” en una entrada anterior, y me parece bien que así sea siempre que no represente un derroche o una mera ostentación. En el caso de las Fallas Valencianas puedo dar fe de que no es así: la alegría y compenetración de los residentes con el festejo es auténtica y contagiosa. Me saco el sombrero con esta crónica que no es más que un elogio, y con la felicitación y agradecimiento que dimos a un valenciano, padre y esposo, que cruzamos en la noche de celebración. Me sentí aliviada al decírselo: quizá sea un buen motivo para que ni en circunstancias más desalentadoras que las actuales pierdan los motivos para festejar.

Aspiraciones mileuristas

Clase de presentación de la materia Lenguaje Audiovisual, Escrito y Publicitario. La dinámica incluyó la puesta de común de información inesperada: ¿cuánto aspiran a ganar en los próximos cinco años? Más me sorprendieron las respuestas y la naturalidad con que mis futuros colegas españoles asumen que su profesión probablemente no les reportará demasiado dinero, cuando pagan hasta 30.000 euros anuales en una universidad privada para estudiar. (más…)