Un día en el mercadillo

DSC00083Hoy pasé el día en un entorno típico español. Los mercadillos son ferias que se montan en numerosos municipios y constituyen un paseo habitual para residentes y turistas. Se organizan en grandes predios habitualmente regulados por los Ayuntamientos, por lo cual los propietarios requieren de un permiso para montar sus puestos. En los mercadillos se comercializan todo tipo de productos: frutas y verduras, alimentos, ropa, antigüedades, libros, accesorios, elementos de decoración… Muchas personas se surten allí de todo lo necesario para la vida diaria, ya que en muchos casos los precios son sensiblemente menores que en los comercios tradicionales, donde los costos para el propietario son mayores.

A nivel turístico, los mercadillos son tanto o más promocionados que cualquier otro paseo de compras y tan imprescindibles como la visita en plan turista a museos, iglesias o monumentos, y no solo con el objetivo de fomentar el consumo. Según me contaba Ana, que hace más de treinta años que monta sus puestos en distintos mercadillos de la Costa del Sol, sobre todo los turistas provenientes del norte de Europa, habituados al frío y la lluvia, cuando salen de vacaciones quieren estar al aire libre y gozar del sol, inclusive al momento de hacer las compras. Para encerrarse en centros comerciales enormemente grises ya les basta durante el año, cuando el mal tiempo los empuja invariablemente a predios cerrados.  (más…)

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Había una vez lisboetas y alfacinhas

*Los lisboetas reciben el apodo de alfacinhas, debido al intensivo cultivo de lechugas que hacían los antiguos habitantes de Lisboa en los campos cercanos a la capital.

Por más tranquilos que hayan sido los pasados días en Lisboa, la primera vez en un lugar y sobre todo en plan turista, siempre despierta la curiosidad y dispara anécdotas casi sin parar.

Temprano al sobre

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Oh problema cuando detectamos que después de las siete de la tarde no había nada abierto, pese a ser zona turística y blablá… y nosotras recién empezábamos a levantar campamento de la playa a esa presta hora de la tarde. Eso nos restringió varias compras, sobre todo en lo referente a nuestro menú gastronómico, que no fue muy variado esos días en parte por esto. La realidad es que Lisboa es una ciudad con movimiento constante desde temprano en la mañana por lo cual merma temprano, aunque no llega a ser el caos de esas capitales enloquecedoras.

Starbucks, mi buen amigo

st foodConsecuencia de los comercios tempraneros, sumado a que en muchos lugares no aceptaban tarjeta de crédito (¿sólo bancos nacionales como medida para reactivar el mercado interno? #crisis), optamos por la conocida cafetería de la planta baja de la estación de Rossio, de la que nos separaba una escalera. Abierta hasta la madrugada, con menúes variados y cartão de crédito, Starbucks fue nuestra repetida y predilecta opción, lo cual no implicó demasiado sacrificio ya que en Mar del Plata extrañaremos horrores esa buena costumbre que adoptamos en Europa.

Museo de Cera

El tercer y último día, después de estar en promedio seis horas al puro y duro rayo del sol de junio sinceramente empezamos a esquivarle. A la vuelta de la playa nos esperaba una caminata de una hora hasta el hostel con el solcito todavía pegando, así que sin empacho optamos por cubrirnos los hombros con sendos pareos, en una actitud poco cool y más bien pragmática. Cande dijo acertadamente que estábamos para ser exhibidas en un Museo de Cera, dada nuestra piel bronceada, dura y encremada; apenas podíamos sonreír. Aunque nos reímos, y mucho, de esa ocurrente verdad. 

La vida por un poco de crema hidratante

Figúrense esta situación: te arde tanto la piel después de estar al sol que morís por pasarte crema después de bañarte para aliviar la molestia. Bueno, hubo una de nosotras que no escuchó que el potecito tenía crema, pero para el pelo, se la puso y hasta que se dio cuenta pasó un rato… No voy a dar nombres, sólo diré que es la más aplicada de las tres roomates. ¿Difícil, no? 🙂 hagan sus apuestas.

Buenos vecinos falam portuñol

Sólo cruzamos a un compatriota: Lucas, neuquino, trabajaba en el hostel después de estar un tiempo en Marruecos y dejó Argentina hace casi un año. Como era de esperarse había muchísimos brasileros; nuestra roomate nos contó que hasta para ella era difícil entender el portugués en Lisboa ya que hablan mucho más rápido. Por lo cual no me aflijo demasiado por no entender, y saber tantas palabras sueltas como dedos de una mano. Ni siquiera el portuñol es lo mío, aunque afortunadamente ellos demostraron bastante habilidad para descifrar lo que queríamos decir. Dicen que la clave es la paciencia.

Cepo a las hormigas, vía libre a los elefantes

Ayer se oficializó el aumento del 5% sobre las compras con tarjetas argentinas de crédito y débito en el exterior;  la medida se amplió y alcanza también a la adquisición de pasajes de avión, paquetes turísticos, seguros médicos, entre otros servicios vinculados al sector viajes y turismo. Con este nuevo ajuste, el recargo trepa al 20%.

Las noticias agregan: “a cuenta”. ¿Qué significa esto en los casos en que que el particular no tributa Ganancias o Bienes Personales (como es mi caso)? Que ese porcentaje debería ser posteriormente devuelto, previa gestión en las oficinas de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). No hago mal en desconfiar de ese “debería ser”: en enero de 2013 se devolvió a algunos de quienes viajaron ocho meses antes un porcentaje inferior al 15% que en ese momento regía.

Cuando ya nos resignamos al cepo cambiario y la liberación de la restricción para la compra de moneda extranjera parece improbable en el corto plazo, el “impuesto al viaje” continúa endureciéndose. Evidentemente la presión estatal busca no solo perseguir la evasión fiscal sino que es una manifiesta prohibición a circular con libertad fuera del país. (más…)