No sé si estoy en lo cierto, lo cierto es que estoy aquí


¿Alguna duda sobre quién manda aquí?
¿Alguna duda sobre quién manda aquí?

Una vez más, tomé mi pasaporte y viajé un puñado de kilómetros hacia un nuevo país, estrictamente a un “territorio británico de ultramar con amplias capacidades de autogobierno”. Fue una curiosa experiencia ingresar a pie de un país a otro, con visibles diferencias en el idioma y las costumbres, pero separados por una línea tan delgada que España se cuela de todas las formas posibles en el pequeñísimo Estado de Gibraltar. Es que hasta hace poco más de tres siglos era parte integrante de su territorio.

En el aniversario de la independencia de mi querido país de la dominación española visité uno de los diecisiete territorios no autónomos del mundo reconocidos por la ONU. En el lenguaje coloquial, es una de las varias colonias que aún controla el Reino Unido.

Gibraltar tiene apenas siete kilómetros cuadrados pero una importancia estratégica: es la presencia continental de un país insular que juega con su pertenencia a Europa dependiendo el momento y el ámbito de discusión. Además, el Estrecho de Gibraltar es la unión natural del océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, constituyéndose el puerto y el comercio marítimo en dos factores claves de la economía gibraltareña. Está a unos escasos kilómetros de la costa de Marruecos, lo que favorece tanto el turismo como las pateras. Otro factor clave a nivel comercial es la exención de impuestos en Gibraltar, con lo cual artículos sensiblemente gravados como tabaco, alcohol, perfumes o electrónica son más baratos, y frecuente objeto de contrabando.

Mi día consistió básicamente en recorrer el casco histórico y turístico y visitar un fenómeno natural imponente: el Peñón o “Gran Roca”. Impresiona la mole de piedra que subyace entre la ciudad, constituyéndose en un mirador de lujo y poseedor de una fauna muy particular, distinta de la europea y emparentada con la africana y con edades remotas de la historia. El animalito por excelencia es el mono: unos doscientos ejemplares de los cerca de seis mil que hay en todo el mundo, que con mirada amenazante y otras conductas bastante humanas intimidan a los visitantes y enloquecen por los bolsos y la comida que eventualmente puedan detectar. Mi relación con ellos no fue especialmente idílica, ya que tenía mi vianda del almuerzo encima (¡¡¡error garrafal!!!) y me sentí atormentada toda la visita; apenas los miré de lejos (las fotos tienen un zoom desmesurado). La recepcionista española que trabaja en la base del Peñón, a escasos metros de los monitos, me decía que es cuestión de acostumbrarse y que por nada del mundo hay que mirarlos a los ojos o intentar acariciarlos o alimentarlos… porque las consecuencias pueden ser graves. Son animales salvajes y viven en su estado natural, con lo cual la intervención humana debe mínima para no perturbarlos. Definitivamente la interacción con la naturaleza no es lo mío, soy un bicho de ciudad y museos, pero ciertamente el Peñón es un paseo imperdible y salí victoriosa de la amenaza de los macacos y con mi comida intacta. Cuando bajé, la angustia oral hizo que inmediatamente me comiera el almuerzo para asegurármelo en el estómago. Mi consejo para quienes gestionan las visitas al Peñón: una sala de primeros auxilios (por si los monitos se ponen agresivos, alguien se cae entre las rocas o le da un ataque de nervios por la hostilidad o la altura) y lockers para las carteras y mochilas serían un negocio rentable y un servicio que los eventuales visitantes agradecerán mucho, estoy segura.

Main Street es el paseo comercial por excelencia, y la Casemates Square el equivalente a la Plaza Mayor. Deambulé unas horas por allí sin más ambiciones que empaparme de la multiculturalidad de Gibraltar: si bien es inglesa la presencia española es innegable, a su vez que la pluralidad de lenguas y rostros delata la vocación turística de esta minúscula porción anglosajona en el fin del continente. Con la visita a Gibraltar cumplí literalmente el subtítulo de mi blog, “glosas al pie de Europa”, ya que estuve lo más al sur que se puede pretender estar.

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6 comentarios en “No sé si estoy en lo cierto, lo cierto es que estoy aquí

    1. Y tú que estás tan cerca y con tu dni puedes pasar sin inconvenientes, aprovechalo!!! No me olvido que a fin de mes tendrás un gran viaje y experiencia, espero leerte con muchas ansias de mi parte (y ya en Argentina). Un besazo y gracias por pasar!!

  1. Pingback: Yo me vuelvo al sur, esperando que haya días mejores | España comentada

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