El viaje literario


[En medio de mis vacaciones, una reflexión “colgada” que no quiero dejar de hacer pese a que su objeto y localización poco tengan que ver con la línea narrativa de los últimos post]

Una buena iniciativa: cuento de lectura pública en el metro de Madrid
Una buena iniciativa: cuento de lectura pública en el metro de Madrid

Si hay algo que hice con frecuencia, fruición y alta dedicación traducida en las muchas horas abocadas a ello, fue viajar. Y no me refiero sólo a las aventuras turísticas en las que tuve la suerte de embarcarme sino, y sobre todo, en los extensos y numerosos trayectos que recorrí a diario, ya sea para ir a la Universidad o trasladarme desde el pueblo a la gran ciudad.

Consciente de que en este tiempo el transporte público sería la única opción (nada de coches a la vista) de un momento a otro tuve que acostumbrarme a los tiempos que éste implica. Adaptación asequible pero adaptación al fin; casi diría que se trató de un tiempo adicional placentero teniendo en cuenta la novedad y belleza de los paisajes que acompañaron mis trayectos.

Esta nueva situación que fue rutina durante casi seis meses de travesía europea se conecta íntimamente con otra cuestión: el incremento exponencial de mi disponibilidad y ganas de leer, que encontraron su “punto de fuga” en estos miles de minutos de viaje.

Con sorpresa y alegría, un buen día comprobé (y verifico hasta hoy) que no sólo yo exploto esta veta de un tiempo aparentemente perdido: descubrí que muchos otros desconocen el vaso medio vacío que supone un tiempo en teoría infértil y lo reutilizan en favor de un viaje que para ellos no será solo un desplazamiento físico. Será también un viaje literario, por medio del cual trasformarán ese “vertedero obligado de minutos del día”, de la vida, en un camino de ida al mundo de las letras. 

La alegría sigue: durante estos meses encontré a otras personas que también repararon en este fenómeno social*: está la gente que mientras viaja duerme, conversa, mira hacia afuera, se aliena con el celular; y también está la gente que lee.

Y a estos últimos los quiero destacar, admirar, ponderar con este post, porque en mi humilde opinión resisten  y apuestan, invierten, optimizan sus recursos y se cultivan. Son aquellos que se rehúsan, aunque sea por un rato, a caer en las garras absorbentes de los dispositivos que nos proponen  una multi/omni conexión que ya no conoce límites de tiempo y espacio. Justo es reconocer que en ciertos ámbitos y momentos, comprensiblemente, es imposible claudicar ante ellos. Sin embargo, estos Quijotes de nuestro tiempo se atreven a otro tipo de experiencia de conexión: la que les propone un libro, una lectura y su contenido: un mundo, nuevo, por descubrir. 

Hice el experimento formal y con registro fotográfico el último día del mes de mayo en los transportes públicos en los que anduve ese día: el autobús a Madrid y la línea 10 del metro. Efectivamente encontré algunos valientes desperdigados, concentrados y tan absortos que ninguno notó que les tomé una foto. También advertí, no puedo negarlo, la presencia inconfundible de los simpatizantes del esparcimiento tecnológico cuyas variantes más comunes son la música, las tablets y (presumo) el Whatsapp vía celular.

La batalla es tan ardua como esperanzador ver que hay algunos, diría tímidamente muchos, que resisten. No critico a los tecnócratas, pero sí quiero abiertamente ensalzar a los literatos. En mi percepción son ellos quienes refutan la falacia del tiempo muerto mientras se está en tránsito.  ¿Como se explicaría entonces que durante esos pocos o muchos minutos de cultivo sean capaces de recoger una buena cosecha, consistente en gozo y ennoblecimiento de nuestra humanidad?

*Les recomiendo que sigan a quienes documentan con mayor seriedad y sistematicidad este asunto de la “gente que lee”. Sus fotos y registros son muy interesantes y fueron quienes me inspiraron a hacer el “experimento” en mi cotidianidad madrileña. Ellos son:

#Alejo Schapire, con su blog #LecturasParisinas

http://blogs.infobae.com/lecturas-parisinas/

#Alina Diaconú, con su artículo “Lectura sobre ruedas” publicado en el diario La Nación

 http://www.lanacion.com.ar/1581032-lectura-sobre-ruedas

#Marina Sánchez Moccero, que fotografía a los lectores en la línea D del subte de Buenos Aires

http://www.clarin.com/ciudades/movimiento-literario_0_919108153.html

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8 comentarios en “El viaje literario

  1. Se viaja más cómodo entre los renglones de una página, no obstante, y no creo que sea el único, de vez en cuando, y la verdad, desde hace un tiempo de forma muy frecuente, acostumbro a dilapidar los minutos sobre las líneas férreas en observar e imaginar historias. ¿Cómo se habrá despertado aquella señora? ¿de buen humor, de mal humor? ¿Habrá hecho el amor? ¿le habrá gustado o no? Podría tener un gato… No más bien dos, si, tiene cara de tener dos gatos…
    Y así.
    Supongo que es igual que leer, al fin y al cabo comparten escenario en la mente.
    Un saludo, me encantó tu etilo.

  2. “Se viaja más cómodo entre los renglones de una página”, me encantó!!! Y sí, inevitablemente el tiempo y el contacto con otros hacen volar nuestra imaginación y despiertan la creatividad y la invención. Gracias por pasar, saludos!!

  3. Definitivamente hay una íntima relación entre viajar y leer.
    Leyendo el post recordé cuántos viajes en subte, de casa al trabajo – del trabajo a casa, usé para estudiar y leer textos que precisaba para la facultad!
    Saludos!

  4. Pingback: Se viaja más cómodo en los renglones de una página… | Literatas

  5. Cuántos libros habré leído en el tren, el metro (el subte, como parece que lo llamáis en Argentina) y el autobús. Cuántas veces habré maldecido llegar al destino con un capítulo a medias (y para no resignarme he seguido leyendo caminando, con cuidado de no chocar con el mobiliario urbano, claro). También he imaginado historias y ahora, que tengo un blog, las escribo en mi inseparable libreta y luego las vuelco en el ordenador. Últimamente confieso que la falta de sueño nocturno me pasa factura en la comodidad del asiento y alguna que otra siestecilla cae… Me encantó tu post, como siempre. Un abrazo!

  6. 🙂 …me causa mucha gracia darme cuenta que si bajo en la terminal de tren o micro las personas que nos vajamos últimas somos las que estamos leyendo….hay veces que uno no quiere llegar a destino ya que las páginas del libro atrapan…eso demuestra que uno realmente lo disfruta…

    1. Es asì!!! ayer en un viaje de tres horas venía muerta de cansancio pero preferí leer y terminar el libro de turno. Más que una elección es una necesidad, una forma de viajar. Me alegro que seas “una de los nuestros” y te hayas sentido identificada con el post. Un saludo y gracias por pasar!!!

  7. Pingback: 10 motivos por los que viajar y leer son aficiones compatibles | España comentada

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