Perderse para encontrarse


[Perdón por la desaparición forzada por las vacaciones, los horarios cruzados, la poca disponibilidad de tiempo y recursos técnicos. Sigo con igual o mayor necesidad de escribir y compartir tantas cosas que voy viviendo en esta etapa final. Sepan disculpar ¡y gracias por estar!]

DSC00423Terminé de rendir exámenes un viernes y ya al día siguiente salí despavorida rumbo a mis vacaciones. Barcelona fue el principio del fin; un viaje en circunstancias especiales: básicamente seríamos mi alma y yo durante los tres días de estadía. No tenía miedo sino muchas ganas de hacerlo, de vivir la experiencia de depender solo de mi, de mis ganas y posibilidades. Aunque pueda parecer que viajar solo poco tiene de épico y fabuloso, una cosa es proyectarlo y otra animarse a dar el paso y que todo salga bien, o incluso mejor de lo esperado.

El viaje en AVE  desde Madrid a Barcelona fue una pasada: comodidad, puntualidad y unos paisajes tantas veces vistos y nunca comprobados (su existencia). A las pocas horas, el primer contacto con una ciudad tan célebre como diversa, donde las diferencias con la capital son patentes: en la gente, la arquitectura, el trasporte y el clima… El desafío era entonces mayor: adaptarme, conocer y disfrutar lo propio de Barcelona; conocer para simpatizar, para comparar.

Después de acomodarme en el piso de Lucas salí a caminar por las Ramblas y desemboqué en el puerto, un corredor minado de turistas y paseantes en un día de sol, con las playas a un paso y el Mediterráneo de fondo. Hasta la noche caminé sin rumbo fijo, deteniéndome a contemplar sin apuro ni horarios prefijados. La costa es un lugar muy acogedor, tal vez poco novedoso para una marplatense acostumbrada a vivir con kilómetros de arena y mar a unos pocos pasos, pero no por eso menos bonito.

El domingo salí temprano para Plaza Catalunya y el Parque de la Ciutadella, ¡qué lugar!, e hice el tour de New Europe durante tres horas por el Barrio Gótico, donde todo se remonta a la historia, desde épocas romanas hasta la Guerra Civil Española. Allí están los famosos callejones, las fachadas antiguas, las catedrales y el espíritu catalán que los enorgullece y mantiene vivos los valores que defienden contra todo y todos. Tuve la suerte de ver a ancianos bailando sardana y a niños muy pequeños haciendo haciendo el castell en la Plaza san Jaume, dos expresiones típicas de la cultura tan particular que subyace en Catalunya. Por la tarde tuve la dicha de conocer a Jorge, un “amigo cibernético” con quien comparto muchas aficiones, entre ellas la de escribir. Paseamos por una parte de la ciudad que no tenía pensado recorrer y que me deslumbró: Plaza España con su plaza de toros, las fuentes de Montjuic y un show de luces y música, el Museo Nacional de Arte de Catalunya que me impactó en su estilo e inmensidad, el complejo olímpico que recuerda al evento que consagró a Barcelona a los ojos del mundo… Día memorable y muy aprovechado.

El lunes lo empecé con una ansiedad que derivó en sorpresa, incredulidad y emoción por la dicha de visitar esos lugares tan emblemáticos: la Sagrada Familia, el Parc Güell y la arquitectura modernista en el Paseo de Gracia. Que las imágenes hablen por sí solas porque me es imposible verbalizar su bondad y belleza, su perfección. Simplemente me alucinaron. Mi tercer y último día de recorrido bastó para enamorarme de una ciudad ecléctica, bohemia, moderna, alternativa…

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La ecuación dio resultado positivo. Mi disposición y avidez por nuevos lugares, personas y desafíos se fusionó con una Barcelona con mucho para decir a quien lo quiera oír y ver. En la soledad y el desconocimiento absoluto no me importó perderme, pero con una obligación: encontrarme, y renovar fuerzas para seguir adelante en esta etapa final y encarar el regreso.

[El viaje continúa. Desde el martes estoy en Mallorca, donde me reencontré con mis roomies por última vez antes de volver. Estamos pasando unos días muy lindos de descanso, playa y atenciones, y viviendo nuevas experiencias (para variar), que van desde tranvías a cruceros… ¿Intriga? Apenas pueda cuento más de la próxima parada de este viaje inolvidable].

Palma de Mallorca
Palma de Mallorca
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