Yo confieso


Que estos meses sola y lejos me han cambiado, para mejor.

Que han costado un poco, sí, sentimental y estrictamente hablando. Pero lo que cuesta, vale (doble, diría yo).

Que llegué con algunas dudas y mucha ilusión, y me volveré con certezas y un millar de nuevas experiencias.

Que vine a vivir con dos desconocidas y me encontré con muy buenas personas, estudiantes responsables, ciudadanas con sentido crítico y amigas en la dimensión más adulta de este vínculo.

Que he despuntado varios vicios, a saber: viajar regularmente, dormir por demás, escribir y leer por mucho mucho más.

Que mi rutina no lo fue en sentido peyorativo: si quería comer, comía: en la mesa, el balcón o la cama. Si quería dormir, dormía: la siesta, en el bus, en el sillón; de madrugada y hasta altas horas. Si quería conversar, conversaba; si quería salir, salía, si (no) quería cursar, (no) cursaba; si quería quedarme en casa, no me vestía. ¿Bastante libre la cuestión, no? Quién pudiera…

Que el apartamento no se ha limpiado con tanta frecuencia como se debiera; que las bolsas de residuos se acumulaban de a pares antes de sacarse a la calle; que la habitación ha sido multifunción y no solamente el equivalente a una cama.

Que superé mi desaprensión (no sé la denominación clínica de mis mareos) a los aviones, a la lectura en el autobús y a las carreteras por la montaña (esto es uno de los logros de los que me siento más orgullosa y sorprendida de mí misma). Que afortunadamente no pesqué ni siquiera un resfriado, ni morí de frío ni de calor (hasta ahora).

Que comí menos (¿o menos porquerías?) y bebí más (pero no de más). Que apenas vi pasar la carne; que salteé comidas y que nuestra marca de cabecera fue Eroski, a mucha honra, por obligación y elección.

Que a raíz de los viajes y los compañeros de todas partes del mundo actualicé mis competencias lingüísticas en otros idiomas y comprobé con alegría que “la base está”, que no se pierde lo aprendido.

Que vi alguna que otra película e incursioné por primera vez con una serie, e hice casi nada de ejercicio para compensar la ausencia de mis largas caminatas marplatenses… porque leer, escribir y bucear por el ciberespacio le ganaron por goleada.

Que agucé el sentido de la curiosidad, ya que el de la vista sigue igual (de disminuido).

Que me hastié rápido de las compras, y eso que tengo un interesante prontuario de “compulsividad”… 

Que logré estrechar algunos lazos pese a la distancia y estuve en general más atenta que si estuviera allá mismo, cerca. Porque uno no valora lo que tiene…

Que contra todo pronóstico, me hice olvidadiza. Y es que tener la cabeza dividida, un poco acá y otro poco allá evidentemente resta efectividad.

Que hoy abandoné el departamento que ocupé desde febrero, el pueblo y la gran ciudad, para no volver… Demostración cabal de que el tiempo pasa por mucho que parecieran seis meses al comienzo de esta aventura. Mi experiencia entra en la recta final. No estoy ni triste ni contenta, que sea como tenga que ser. Exactamente en treinta días estaré tomando el avión rumbo a Argentina. Tan emocionante como increíble.

Que he aprendido, he disfrutado, he conocido y he amado. Que lo voy a seguir haciendo hasta el último minuto que me quede aquí. Y me prometo hacerlo cuando vuelva, y aunque vuelva. 

Que este ha sido uno de los mayores desafíos a los que me enfrentado, y creo haberlo sorteado con valentía. Todo lo demás que me llevo (viajes, amigos, lecciones de vida) vino por añadidura. Afortunadamente vino.

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5 comentarios en “Yo confieso

  1. Para Nosotros también fue un crecimiento. Sos nuestra la primera que parte durante tanto tiempo fuera de casa y tan lejos!. También hemos crecido, nos hemos confiado en Dios, su providencia y en la seguridad de lo bien sembrado. Nos enorgullece saberte feliz, segura creciendo, empezamos a recoger frutos con vos, Celina y Esteban. Te esperamos con mucha alegría y ganas de abrazarte, volver a verte antes de acostarme en tu cama leyendo. Estoy medio melancólico,será que mañana es el día del padre. Igual siento tu cariño cercano. Hasta prontito.

  2. Yo confieso que fui feliz desde el día en que, bajando las escaleras de la facultad, (no sabes lo fresco que tengo ese momento en la cabeza) me dijiste, contenta pero con un poquito de miedito, que habías ganado la beca. Feliz el momento en que leí tu primer mail diciendo que estabas instalada, que habías llegado bien. Feliz con cada uno de tus viajes, de tu experiencia académica, de tu (no) rutina. También voy a ser feliz cuando llegues, cuando te pueda abrazar después de este tiempo, que a veces parece mucho, a veces parece poco -qué relativo el desgraciado tiempo-. Todo eso, principalmente, porque tu amistad me hace feliz, estés donde estés.

  3. Hermosa declaración. Me deja con ganas de probarme en un espacio nuevo, dar ese salto al vacío y ver si me puedo llevar aunque sea la mitad de las experiencias que nos has relatado por acá. Creo que un buen día de estos me lanzo a esa Argentina tuya que tanto admiro. Un beso desde La Habana,
    R

    1. ¡Gracias por tus palabras! Ojalá se te de la oportunidad, en Argentina o en cualquier otra parte. Si es en mi país mejor, no puedo dejar de recomendártelo 😉 saludos y gracias por pasar!

  4. Pingback: El que quiere celeste, que le cueste | España comentada

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