Lecturas itinerantes


Desde que supe que me embarcaría en esta aventura europea me propuse vivir unos meses distintos más allá de los cambios lógicos que supondrían mudarme de ciudad, país y continente. El hecho de tener que ocuparme únicamente de estudiar me proporciona más tiempo libre para invertir en aquellas actividades que disfruto y no siempre puedo realizar cuando otras obligaciones acucian.

El plan de fruición incluía ponerme al día con películas legendarias que no vi, hacer más actividad física… Pero lo cierto es que por más tiempo libre que uno tenga, lo que no motiva termina haciéndose por obligación o descartándose. No es que haya abandonado por completo estas actividades pero la optimización está lejos de concretarse, mientras que sí lo logré al menos en dos de mis pasiones.

Una, lo habrán notado, es escribir. Y la otra de mis preferencias que se ha visto favorecida con mi mayor disposición horaria, es su contracara: la lectura, sobre todo la que es por ella misma, no por “imposición” (sobre todo académica). Así es que inicio en el blog un nuevo espacio para compartir los libros que van acompañando mi estancia europea.

Soy muy abierta en los géneros, temas, autores y estilos que me gusta leer, y no dejo un libro sin terminar aunque sea un verdadero bodrio. Espero que los escuetos comentarios sirvan como orientación y recomendación, aunque no me propongo escribir una crítica especializada y una sinopsis precisa de cada uno de ellos (para eso dejo un link). La idea es compartir qué sentí al leerlos, y qué circunstancias me rodeaban.

Para el viaje de ida:

  • El jardín de bronce, de Gustavo Malajovich: lo traje de Argentina, lo inicié en el avión y lo terminé ya en España. Es una novela de misterio y suspenso, nueva y calificada por muchos lectores que respeto como “la novela del verano” (austral). Me gustó.

Para conocer al autor que da nombre a mi Universidad:

  • El asesino del perdedor, de Camilo José Cela: hasta entonces nunca había leído nada el él; por lo que sé su obra no está reeditada en Argentina. Un estilo muy particular, vertiginoso y un tanto confuso donde resaltan lúcidas reflexiones y un vocabulario exquisito.

Para ambientarme en primer destino de viaje turístico:

  • El extranjero, de Albert Camus: novela elegida por lo sintética, por el formato pequeño para el bolso de mano y por su vinculación con la ciudad a la que viajaba: Paris. Un clásico acerca de la moral y el individualismo; me debía su lectura y no me defraudó.

Para pasar el rato:

  • El jardín olvado, de Kate Morton: agotada en Argentina y con buenos comentarios, decidí leerla aunque claramente está lejos del estilo que más me gusta y no hallé en ella pasajes que me enriquecieran o marcaran. Una lectura pasatista.

Para Semana Santa, (afortunadamente estoy teniendo aún más tiempo libre):

Espero seguir incrementando esta lista que supone una media de tres libros al mes. ¿Nada mal, no? Si bien en algún momento esta rutina española tendrá que acabar 😥 espero que la lectura voraz me siga acompañando. Todo es cuestión de disfrutar lo que uno hace, y entonces el tiempo y las ganas vendrán solas.

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Un comentario en “Lecturas itinerantes

  1. Pingback: 31 noches en dos veladas | España comentada

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