Merci París


DSC07691Tengo miedo de escribir este post. Y no porque me obligue a hablar sobre algo malo, sino todo lo contrario. Lo único deplorable es mi probable falta de precisión y memoria para incluir ciertas situaciones y detalles. Es que en una semana en París pasaron muchas cosas, y afortunadamente puedo decir que todas fueron muy gratas. Así que intentaré sacudirme la modorra mental a medida que tecleo y se me escapen las sonrisas por cada buen momento vivido y mentalmente recobrado.

París es una ciudad deslumbrante: grande, atiborrada, histórica y pintoresca. No se puede destinarle menos de cuatro días. Yo fui cinco; con uno más podría haber hecho tres paseos fundamentales que me quedaron para la próxima: los museos d’ Orsay y Pompidou, y el paseo en barco por el Sena.

Día 1:

El día más frío de todos. Eso que a me mi piace, pero lo padecí. La clave, abrigarse más de lo que consideraría suficiente. A la mañana paseamos por el Sena hasta la Torre Eiffel. Hicimos el ascenso a los dos primeros pisos caminando (unos seiscientos escalones). El tercer nivel es por ascensor. Había mucha neblina, con lo cual apreciamos la increíble vista panorámica, pero a medias. Aclaración obvia: quedé fatigada de las piernas desde este ascenso y me recuperé recién el último día… cosas que pasan.

Por la tarde visitamos el Hospital de los Inválidos. Es un museo militar que retoma la historia (nacionalista) francesa desde las fortalezas del Medioevo, Napoleón, la II y III República, Guerras Mundiales, colonialismo. Contiene armas, municiones, uniformes, tanques, propagandas y el cuerpo de Napoleón.

Día 2:

Visitamos el monumento de la Bastilla, prisión e ícono de la Revolución, de la que solo queda un  mástil alejado de la zona céntrica de la ciudad.

Tuvimos una larga y gélida espera para ascender a una de las torres de Notre Dame, por una escalera de caracol mínima, empinada y de muchos escalones. La vista es muy buena, y aunque el enrejado no favorece las fotos artísticas, vale la pena ver de cerca las múltiples puntas y gárgolas típicas.

La catedral de Notre Dame cumple 850 años. Su estilo arquitectónico, de transición entre los rosetones románicos y techos bajos y las puntas y decorados propios del gótico, la hacen imponente. Por dentro me pareció un tanto descuidada estéticamente: cajas y cajones esparcidos en un lugar de culto no me dieron una buena impresión. Me fui sin ver los tesoros ni la cripta que contiene objetos milenarios de los orígenes de París.

La Saint Chapelle es tan vieja como Notre Dame, pero por dentro me impactó mucho más, con sus vitreaux, brillos y tapices. Ya no funciona como templo.

El Pantheon fue uno de mis lugares favoritos. Es un macizo imponente y muy bien conservado. Allí están enterrados personajes célebres de Francia de los últimos siglos: Marie Curie, Rousseau, Voltaire, Braille, Víctor Hugo. Es de estilo neoclásico, gris e inconmensurable. El trabajo sobre la piedra y el mármol es impecable. Aquí se me cayeron unas lágrimas mientras pensaba: ¿cómo es posible que manos y mentes humanas y tecnológicamente más atrasadas hayan podido erigir semejantes moles, tan armónicas y perfectas? ¿O es que Alguien ha depositado el coloso ya hecho? El arte es una facultad humana, semidivina, que admiro al tiempo que me desconcierta.

Día 3:

Fuimos al Palacio de Versalles. Es un paseo que lleva casi todo el día porque está alejado de la ciudad. El domingo fue el día más agradable climáticamente hablando, con lo cual aprovechamos los Jardines y las caminatas por el predio que tiene 3500 metros de extensión, con lago incluido  El Palacio es bellísimo, está amueblado tal cual lo pensaron los reyes que allí vivieron hasta la Revolución y que luego ocupó Napoleón. Imposible tasar ese lugar en dinero; cualquier precio que pudiese ofertarse por él sería insuficiente. Su valor es tan tangible como intangible: es un verdadero tesoro artístico.

Nos tomamos una revancha y volvimos a la Torre. El día tan lindo auspició unas buenas fotos y el disfrute de los jardines al aire libre.

Fuimos al Arco del Triunfo. El ascenso consta de 45 metros por escaleras de caracol, al estilo de Notre Dame. Aunque vale mucho la pena, gente con dificultades para caminar, abstenerse. La vista es hermosa; al atardecer vimos cómo se iluminaba la Torre y los Campos Elíseos, la calle comercial más importante.

Pese al frío y lo tarde, la mística pudo más y nos acercamos nuevamente a la zona de la Torre para contemplarla iluminada y destellante. El esfuerzo no fue en vano.

Día 4:

Museo del Louvre. La recorrida me llevó siete horas y aún así no estuve ni cerca de completarlo. La arquitectura clásica de Louvre, entremezclada con las pirámides de vidrio, es innovadora. Por dentro el recorrido se organiza en tres salas permanentes: Denon, Sully y Richelieu (la que más me gustó). Mucha pintura, escultura y reliquias desde los primeros pobladores hasta el siglo XX. Es uno de los museos más importantes y completos del mundo, con más de 35.000 piezas en exposición. Más allá de los gustos es imperdible aunque requiere paciencia, concentración y resistencia física. Hicimos bien en comprar el audioguía; después de un rato de desencanto logré entenderlo y me guió por salas y obras más importantes, con una reseña completa. Obras más conocidas: la Gioconda, Venus de Milo (escultura), Las bodas de Caná, La coronación de Napoleón.

Día 5:

Pasada rápida por el célebre Moulin Rouge, en el barrio Mon Martre (mucha onda y design). Basílica del Sacre Coeur: seguramente enclavada en uno de los puntos más altos de París. La vista es imperdible, sus cúpulas, interiores y jardines son muy bellos.

Estos fueron los paseos más importantes que hicimos. Tengo la mente y la retina impregnada de buenos momentos e imágenes. 

En la segunda parte del post, anécdotas parisinas.

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5 comentarios en “Merci París

  1. Pingback: ¡Tengo dos Liebster Award! | España comentada

  2. He ido en varias ocasiones a Paris, me fascina. Tengo unos cuantos amigos allá, dos pintores la hija de una boricua como yo y el otro Patrice Servage, un pintor francés, incredible. Si entras a su blog, te darás cuenta de lo que digo. Claro, advertencia no es un pintor ortodoxo, jajaja. Saludos

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