Metaelogio del mirón


Comparto una comentario que presenté en una asignatura sobre el artículo “Elogio del mirón”, de Camilo José Cela, publicado en el periódico La Vanguardia de España en 1952. La del escritor español es una reflexión hiperlúcida, dificil de conseguir, pero espero que mi comentario refleje algunas de las ideas que pondera.

En un sucinto artículo de un cuarto de página, Camilo José Cela imprime una caracterización densa y profunda de un tipo de hombre, el “mirón”, y de una subespecie de mirada, distinta de la curiosa o la contemplativa. No puedo más que admirar al mirón gallego, lúcido entre los lúcidos, por tan exquisita descripción, y desear celosamente ser “mirona” aunque sea una vez, algún día.

¿Qué es ser mirón? Una cualificación tan exigente y puntillosa que deja al populacho exento, porque como reconoce Cela, es “una especie destinada a desaparecer”, aunque tampoco pareciera tener, deduzco a partir de las palabras del escritor, una vocación de universalidad.

¿Y quién es mirón? Quien cultiva tamañas ocupaciones como “flotar en el nirvana, mirar sin más y sin saciarse nunca”. Y porque autoproclamarse mirón sería una falta de humildad muy grande, creo yo, un mirón supondría necesariamente de otro mirón que lo reconociese como tal entre el gentío de ojos que dicen ver, y así sucesivamente.

A mi interrogante de quién sería digno de ostentar el título de mirón, agregaría Cela, “por lo común viene vedado a las mujeres”. Y es en esta afirmación donde me quiero detener unas breves líneas, porque esa generalización me excluye claramente a mí y a tantas otras que quisiéramos al menos poder intentarlo. Desafortunadamente para mis aspiraciones de mirón no nací hombre, pero me consolaría saber que el esfuerzo cotidiano no se trunca por una mala pasada de la naturaleza veintidós años atrás.

Cela deja en claro que ser mirón es una filosofía de vida, una manera de leer y entender el discurrir de los hechos, las personas y los momentos. “Pariente próximo del asceta yogui” recita su analogía, que entiendo que es válida más por el carácter exótico y particular del mirón en estos tiempos que corren que por la abstracción en concreto.

Y de veras que además de diferente, el mirón debe ser tachado como subversivo, y borroneado a las mínima oportunidad, porque hacer una lectura distinta del mundo en los tiempos que corren, salir del molde prefabricado de una u otra ideología, equivaldría a una oveja descarriada al principio, para luego derivar en una revolución, al menos en lo que a la mirada tradicional se refiere.

Sesos y ojos es el mirón; ve en los otros un espejo plano que le devuelve su reflejo y un “tímido latir de su propio corazón”. Vive en los otros, pero es lo suficientemente buen observador para reconocer que “lleva en sí mismo su premio”. ¿Quiénes son sus aliados en tan exótica empresa? “Santa Lucía, que le conserva la vista, y el destino, que le guarda el santo pasmo de cada día”. Qué buena vida, mirón; dichoso de ti porque nunca pierdes tu capacidad de asombro.

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