“Eje de nada, eco de todo”


Qué contenta estoy con mis clases en la UCJC. Hoy tuvimos la primera de dos clases acerca de “escritores periodistas”, eminencias de la Literatura que desarrollaron casi a la par y con igual fervor una producción periodística vasta y de temas diversos. El primero de los hombres de letras tratado en esta sesión magistral a cargo del catedrático Adolfo Sotelo Vázquez fue Camilo José Cela. Un análisis exhaustivo de su biografía humana y de su prolífica obra, como no podía ser de otra manera, dado que curso en la casa de estudios que lleva su nombre.

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En un pasillo de la Uni, una pintura que retrata al escritor condecorado con el Premio Nobel en 1989

Cela, pese a no haber concluido ningún estudio superior por estar afectado al Ejército Nacional durante la Guerra Civil, a la par que se consagraba como novelista recibió el Carnet de Periodista en 1943. Integró este Colegio por diez años; en 1953 fue expulsado pese a que su producción periodística aumentaba y poblabla los diarios españoles, actividad que continuó incansablemente por varias décadas más.

El mismo Cela confesó que la profesión periodística comenzó siendo un medio para solventar sus gastos de vida ordinaria, sobre todo en los primeros años de anonimato literario, a la vez que le permitía despuntar el vicio de novelista. Su obra de ficción sufrió la censura del franquismo y se editó primero en otras naciones de habla hispana como Argentina, antes de triunfar y circular sin cercenamientos por España.

Se editaron más de quince libros que reúnen su prolongada labor periodística. Además fundó dos revistas de desconcertante tinte liberal, sobre todo la primera, “Papeles de Son Armandans”, que reunía artículos de opinión sobre literatura y arte. Allí coexistían reflexiones de variadas corrientes ideológicas e idiomas, sin molestarse.

Su más alta contribución al oficio periodístico es, a mi parecer, el “Dodecálogo de deberes del periodista”, donde se luce esgrimiendo en doce claúsulas un modus operandi para periodistas de todos los tiempos. Un compendio claro y sintético de los principios éticos que exceden los vertiginosos aires de cambio que operan sobre el periodismo casi desde su origen. El número IX expresa lisa y llanamente:

“Recordar en todo momento que el periodista no es el eje de nada sino el eco de todo”.

Caigo en la cuenta del honor que significa estudiar en la Facultad de Comunicación que ostenta el nombre de un personaje central de las letras españolas del siglo XX y lúcido articulista y observador de su tiempo, que fomentó en igual medida un periodismo diáfano y de calidad.

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