“Llévate la pata y no me des la lata”


La profesora de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), una de las asignaturas que curso en este semestre de intercambio, trajo a colación una situación que pasó y pasa hoy en los Ayuntamientos españoles a raíz de la crisis y los recortes. Los funcionarios públicos, por ley, no recibieron la paga extra de Navidad (lo que en Argentina sería el preciado aguinaldo) ya que esos fondos decidieron destinarse a otras áreas a las que les urge tanto o más la acotada caja que cada Municipio dispone. Se trataba ni más ni menos que de cumplir la ley; contra una disposición de urgencia dictada por la máxima autoridad nacional no hubo protesta ni disidencia que valiese. Lo curioso es que no dejaron con las manos vacías a los empleados estatales: les ofrecieron como compensación… ¡una pata de jamón!

Teniendo en cuenta que esta exquisitez sale aquí más de 130 euros (más de 1300 pesos argentinos si tomamos como parámetro el blue), no estaba nada mal hacer un poco de altruismo que dejase una imagen de funcionario condescendiente con la crítica situación del país y un estómago contento. Sin embargo, y como es lógico, más de uno chilló indignado, reclamando la paga por la que aguardó en vano todo el año. “Si me ofrecieran un coche, vale, pero… ¡¿por una pata de jamón?!” dijo exaltado un compañero de clase, sensato y pasional.

Comparto este testimonio (porque la profesora en cuestión es una concejal afectada, y aclaró que aceptó gustosa la pata “porque era eso o nada”) por lo excéntrico y digno de reflexión. Trasladar hipotéticamente esta situación a mi entrañable patria me resulta inevitable, divertido y hasta risible. ¿Qué sucedería si en Argentina, donde ahora mismo no estamos tanto mejor, se retirase el aguinaldo y se ofreciese un comestible a cambio? ¿Piquete, cacelorazo, guerra civil quizás? ¿Alguien se animaría a apostar por un funcionario que agachase la cabeza y diera su conformidad?

Sólo para rematar, y porque esta reflexión en voz alta de algún modo tiene que terminar, de ESTO se trata cuando hablan de pata. Abrirán bien grandes los ojos, la culebra de la gula se les desatará y la golosina visual les desordenará todos los sentidos. Eu, me lo pensaría dos veces.

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