El delito organizado


El domingo al mediodía salimos a aprovisionarnos. A las 14.30 cierra todo, como en cualquier pueblo y urbanización que concede a los conciudadanos el sacrosanto domingo para descansar. Hicimos una compra de un tamaño considerable; la hora y el hambre nos urgían. Alentadas por un comprensivo empleado y fieles al estilo argento, nos escudamos en nuestra indefensa posición de flamantes residentes para “tomar prestado” un chango que en un principio estaba atado con candado, y cargar la compra. La demora en la devolución se prolongó al punto de que sigue durmiendo en el comedor del dep. Nuestros familiares lo ven por Skype y se ríen. Nosotras sentimos el deber de devolverlo, pero pica otra vez la pereza y aumenta el apego, y un futuro cercano sugiere que puede sernos útil una vez más. Y otra, y otra.

Aquí, se multa a los peatones por cruzar indebidamente y a los acompañantes por no llevar el cinturón de seguridad. ¿Cuánto más si se descubre el rapto de un carrito de supermercado? Por las dudas, sigue bien guardado en la comodidad del piso. Tal vez mañana…

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Un comentario en “El delito organizado

  1. Allá también hay baches… deben hacer que te sientas más como en casa jajajaja. Qué lindo leer tus aventuras, ¡disfrutá, bombona mía!

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